Su identidad tiene puntos específicos en los que define su humor: ser mujer, vivir en el interior de la provincia, querer poder con todo y terminar cansada. La monteriza Cris Álvarez llega esta noche a las 21 al auditorio del Centro Cultural Virla (25 de Mayo 265) con su nuevo espectáculo de stand up, sin desprenderse de sus raíces y con el objetivo de que el público salga diciendo “a mí también me pasa”. Como invitada estará Pía Manguera en el inicio.
“Es un show estreno y con cosas nuevas en su armado, aunque sobre temas y remates que conforman mi rutina. Desde hace ocho años que hago monólogos y reúno los chistes que fui probando en este tiempo sobre la temática de lo que es Tucumán y sus costumbres: hablo de la zafra, del perro familiar, de la rutina de una mamá soltera que no llega a fin de mes y su intento de unificar vida social, salud física y mental y el proyecto de ser famosa en una sola persona”, le dice Álvarez a LA GACETA.
"Qué olor" en Tucumán: la noche en que el humor prohibió celulares y el público contó todoEn ese contexto, la humorista reivindica su tucumanidad como rasgo distintivo. “Somos la provincia más chica del país y lo exagero aún más con ser del interior del interior, cosa que le da mucha dinámica y entretenimiento al público y nos distingue de otras formas de hacer este género. Tenemos un modo distinto al porteño... nosotros brindamos un poco mas de historia, de costumbres, dibujamos las anécdotas en el relato para que sea cómicas y eso lo hace entretenido”, promete.
“En mi caso hay personajes en la función, pero sigo siendo yo misma. Me presento como Cris en casa, con pantuflas y corpiño deportivo viejo, en mi cotidianidad. Luego hay cambios de ropa donde soy la standapera en el teatro y cierro en una situación amorosa para el momento explosivo de la noche”, augura.
"Muña muña": cómo es la película que mezcla el humor, el deseo y la soledad entre los cerros tucumanosSin drama
Álvarez reivindica al público local: “es hermoso y los del interior más aún, nos reímos sin tanto drama y disfrutamos cada peso que pagamos; quizás cuesta un poco más que interactué pero es algo que se va incorporando de a poco. Van a verme sobre todo mujeres de entre 35 y 65 años, porque es su momento disfrute y sus carcajadas lo hacen saber”.
Ya no sólo está sobre el escenario, sino que pasó de ser la única standapera monteriza a dar clases y tener alumnos que están comenzando sus experiencias. Así, el humor va cambiando y “ya no sólo se piensa en el Capuchón González y en Turrón Juárez”.